jueves, 9 de agosto de 2012
La escultura del Apóstol Santiago en Tuna
En la Iglesia de Santiago de Tuna está una de las mejores esculturas ecuestres del Apóstol Santiago que existe en nuestro país. Es de manufactura española. Luce finos acabados y detalles. No se ha ubicado la documentación de su procedencia porque los archivos comunales y eclesiales fueron incendiados durante el paso de las tropas chilenas en la llamada Guerra del Pacífico.
Los antiguos pobladores de Tuna (Tumna) se encargaron de preservar muchos relatos, casi legendarios, del recorrido que hicieron los tuneños a mediados del siglo XIX, cuando trasladaron la escultura del Santo Patrón desde Lima hasta la capital del Pueblo. En aquellos años el transporte se hacía con recuas de mulas y caballos. Entonces, la Comunidad Campesina de Santiago de Tuna tenía terrenos en la actual Chaclacayo, lugar en el que acampaban y aprovisionaban. Luego proseguían hasta una de las quebradas en dirección de Chaymallán, desde donde ascendían al Pueblo de Tumna.
Se cuenta que el peregrinaje tomó más tiempo que el previsto. Tenían instrucciones que exigían esmero en las maniobras, por lo que no podían acelerar el paso. La agreste geografía tampoco lo permitía. Para alegrar el peregrinaje, los tuneños contrataron a los danzas de San Pedro de Casta, a los cuales también les decían “payo payo”, que eran jóvenes vestidos con ponchos azules, sombreros adornados con coloridas plumas y espejuelos. Sobre el poncho llevaban cruzadas dos mantas y en las manos llevaban un palo atado a un pañuelo. Su máscara de madera impedía ver su rostro. Al igual que muchas danzas de entonces, los danzantes hablaban en falsete, es decir, con voz en extremo aguda o aflautada. Hay registros de que en el Pueblo de Casta vivieron varias familias de Tuneños que los ingas llevaron como mitmaes, pocos años antes de la presencia española y que esas familias de Checas de Tumna eran tributarios en Casta.
Los danzas siempre iban delante de las mulas y caballos que transportaban las cajas que contenían la escultura del Santo. Unas flautas y unas tinyas eran los instrumentos que entonces alegraba en la profundidad de las quebradas. Las chirisuyas anunciaban los momentos de la jornada. Cuando se "velorea" a los cajueleros es importante que haya chirisuya para alegrar las horas de vigilia.
Por esos delgados caminos transitaban muchos viajeros, quienes al enterarse que llevaban la sagrada escultura se ofrecían en acompañar cierto tramo del camino. Los pueblos de la cuenca baja del río Lurín hablaban mucho de ese evento y en julio, cuando se celebraba la fiesta Patronal acudían hasta Tuna como devotos o cajueleros.
Cuando las hordas chilenas ascendieron hasta Tuna, buscaron la escultura de Santiago. Después de quemar la iglesia y saquear el pueblo recorrieron lugares aledaños pero no pudieron dar con los tuneños que llevabann la imagen de Santiago a esconderla en diferentes cuevas. Cerca de Pomacocha y de Llamkacanche es posible ver las huellas de las velas (les decías ceras) que emplearon para velar al Patrón. Incluso hay algunas palabras apenas legibles, que son testimonio de la guerra.
Después de la guerra, tuvieron que reconstruir el templo, para poder costear la construcción de los altares empeñaron sus propiedades de Chaclacayo y Matucana, también algunas ubicadas en la actual Cocachacra.
Hoy la gente va de prisa... con ganas de bailar, beber licor y pasarla bien. Los tiempos cambian. Ojalá que la fe prevalezca.
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