En mi niñez disfrutaba jugando en las polvorientas calles del pueblo junto a mis amigos. El pueblo era apacible y el eco de nuestras voces retumbaban con insistencia.
Jugábamos a hacer carretereas con curvas cerradas y abismos por os que guiados con nuestras manos recorrían camioncitos de plástico. Ruuuuuun Tititiíiiiiiiiiiiiiiiiiiiii Avanzaban nuestros camiones. Algunos identificábamos a los vehículos con los nombres de los camiones. El más popular era "Joven soy", camioncito de verde y naranja lleno de melocotones y manzanas.
En la competencia por hacer carrtereas no había discriminación a las chicas, ellas también hacían las suyas.
En el verano jugábamos con las cometas de colorido papel ylargas colas de retazos. Sentir el poder del viento halando nuestras cometas era emocionante. Mucho más cuando el rollo de pabilo era sujetado con todas las fuerzas posibles para evitar la huida de las cometas.
Cuando se estrellaban las cometas solo quedaba la resignación, pues era imposible treparse sobre las calaminas de filudos bordes. Entonces debíamos ir a las quebradas en busca de carrizo.
Jugar con el aro era una diversión para pocos. teníamos que contar con la rueda metálica y un grueso alambre que avanzaba delante de nosotros que con el sudor en el rostro enrojecido saltábamos sobre piedras en las calles del pueblo o en el camino a la chacra.
Una alternativa al aro era sujetar con un clavo una lata vacía a una caña o palo. Una forma de empujar una rueda con la seguridad de que no se soltaría. Era este un juego para los menos osados.
Otros juegos estaban referidos a la labor de pastoreo. hacíamos corralitos con piedrecitas y musgo representando los cerros conocidos a una escala proporcional. Ganaba el equipo que más detalles representaba: la chakana para guardar los quesos, el corralito para los guachitos o terneros, etc.
Después de cada festividad los juegos estaban referidos a las ocurrencias de los días de celbración. Unos imitaban a los músicos de la banda de músicos, a las danzas y los principales sucesos. Los juegos siempre han promovido la creatividad y la lectura de la realidad para representarla a escala y con muchos detalles.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
domingo, 31 de octubre de 2010
Encendimiento
Desde temprano esperábamos el ómnibus de la Empresa Flores que venía de Lima con harta gente, sentada incluso sobre el techo. Los viajeros traían velas o cirios que mandaban preparar en las cererías del Mercado Central. Las más caras tenían adornos de luto. También traían las coronas de flores de papel, envueltas con celofán. En el pueblo elaborábamos coronas con flores naturales. Y si faltaban los soles, comprábamos las velas caseras.
Al empezar la noche empezaba el desfile en dirección al cementerio. Llevábamos las flores traídas de la chacra: dalias, claveles, gladiolos, crisantemos, amancaes... Haciendo turno llevábamos los porongos con agua.
Tumbas que durante todo el año dejaron ver el olvido recibían la esporádica visita y quedaban sin el cerco de malahierba que creció en todos esos meses.
Afuera del cementerio armaban pequeñas carpas los que venderían café y los platos más populares.
De pronto el cementerio se poblaba de gente y con ellos un sin fin de ceras encendidas calentaban la fría noche. Los niños se divertían juntando la cera derretida y les daban forma de pelotas con las que jugaban.
El tío Roberto recorría los niños y sepulturas sosteniendo un librito con las canciones y oraciones. Su voz se dejaba escuchar a gran distancia, pese a su avanzada edad. Encorvado y con la seriedad en su rostros mezclaba frases en latín y en castellano. Culminaba su visita con un padrenuestro y todos nos persignábamos.
Cuando había banda, se podía contar con responsos más prolongados. No sé por qué aprendía a tenerle miedo a esa tonada.
La noche avanzaba y bajo el negro cielo repleto de estrellas, solo los más fuertes resistíamos completar la vigilia. Los demás, de a poco salían hablando en voz baja para no ser objeto de murmuraciones. Tanto los que regresaban temprano como los que nos quedábamos calentábamos el cuerpo con copas de licor.
Una vez tuve que viajar a Lima esa noche. Desde la canastilla de un camión pude observar a lo largo del camino como los cementerios de San Bartolóme y, de Chaute que parecían pequeños fogoncitos.
jueves, 28 de octubre de 2010
Huayruna
Desde niño aprendí que la Huayruna es algo así como la casa de todos, porque siempre se reunían los adultos para deliberar sobre las faenas o sobre algún asunto urgente y de interés de la Comunidad. También es el local en el que se realizan las principales celebraciones religiosas. recuerdo también que el año 1974, debido a los estragos del terremoto, se improvisaron aulas en su interior para que los escolares continuaran sus estudios.
Huayruna, igual que cientos de expresiones utilizadas en Santiago de Tuna, es una palabra de origen quechua. A muchos no les interesa saber su significado, solo les basta con saber que suena así.
Huayruna es el nombre con el que los antiguos peruanos llamaban al acto de "jugar" o "adivinar" el futuro de la parcialidad o del ayllu, a partir de la lectura del oráculo andino. Los Yauyos contaban con algunos oráculos de alta credibilidad como el que existió en Tumna, de la guaranga de Checa. En la actualidad se usa el vocablo sin el real conocimiento de sus implicancias originarias ni la comprensión de la cosmovisón andina ancestral.
Gerald Taylor describe con acierto la costumbre de Juga a leer el futuro. En algunas comunidades como la de Tupicocha, coincide con el ritual del cambio de directiva de la Comunidad Campesina.
El edificio sede de la Huayruna ha cambiado su aspecto con el paso del tiempo. Antes, en las de´cada de los 50 era todo de adobes y su techo era de pajas. Después, con la modernidad, se hicieron algunas modificaciones y se reemplazaron las pajas con calaminas de zinc. Se construyeron servicios higiénicos (en realidad retretes sin conexión a una red de desagüe). Las dos cofradías de negritos donaron rejas para la puerta principal y para las ventanas, todo de un estilo sobrio.
Los terremotos, las remodelaciones parciales e inconclusas así como el uso constante fueron dejando sus huellas en este edificio. Cada gestión de la Junta Directiva de la Comunidad Campesina dio su marca o estilo a la Huayruna. A veces sirvió como depósito de chatarra, otras veces escenario de veladas, de cinema al aire libre o como local de las fiestas con el grupo de moda.
Hace cuatro años iniciaron el cambio y como todo cambio no necesariamente es para mejor, la Huayruna tomó el aspecto de una playa de estacionamiento de algún asentamiento humano limeño. La arquitectura "chicha" se hizo presente.
El año 2009 decidieron hacer un cambio total y en la actualidad se ha erigido un edificio de tres pisos y un mirador. La Huayruna servirá como centro de usos múltiples.
Los comuneros de Santiago de Tuna han rescatado sus cualidades ancestrales de trabajo compartido con el propósito de construir un edificio nuevo, símbolo de que sí se puede hacer obra con la participación de los pobladores y de quienes viven fuera de Tuna. Es justo destacar el liderazgo de Armando Encarnación Vilcayauri, joven líder identificado plenamente con el desarrollo de Santiago de Tuna.
El edificio es uno de los más altos del pueblo. Ojalá y que en la selección de los acabados prevalezca el buen gusto.
sábado, 23 de octubre de 2010
Los caminos de Santiago de Tuna
En la actualidad existen varios caminos preincas e incas que sirven para conducir el ganado a pastar y para el transporte de los productos agropecuarios.
Hay un camino, casi borrado, que conduce hacia Sisicaya. Pocos transitan esa ruta solitaria y seca. Por algunas quebradas se puede encontrar un atajo hacia el río Rímac. Fue por este camino que llegaron las tropas chilenas durante la Guerra del Pacífico.
Otro camino conduce hacia Antioquía, pasando por zonas pertenecientes a Tupicoha. Es un camino angosto, con algunos tramos bastante amplios e incluso con muros de piedras a los costados. Cuenta con pequeños miradores desde donde se puede divisar la ruta andada o por recorrer. Los viejos gigantones y la flora perenne que hay en esos cerros "calarres" (desnudos) permiten identificar todo un rico ecosistema que vive en medio de la escasez del agua. No es aconsejable caminar entre las diez y cuatro de la tarde por el sol intenso y la ausencia de manantiales o puquios donde encontrar agua para beber.
Al caminar por este polvoriento camino se siente el fuerte viento que asciende desde el valle rebotando en los enormes macizos y farallones poblados por una enorme variedad de reptiles que calientan sobre piedras sus fría sangre.
El sobrepastoreo de cabras ha afectado considerablemente este camino, antes muy transitado para el intercambio de productos con los pueblos del valle y con los pueblos de las alturas, como Olleros.
Desde la cima de Huachamarca se puede divisar Tuna y los cerros azulados de la zona norte de Huarochirí. Los cóndores anidan en medio de rocas y a la sombra de pitajayas o gigantones. Solo el ruido de los aviones nos devuelven a la actualidad.
Este camino pasa por Huarananche, hoy zona habitada por pastores estacionales y avanza por Piedra Piedra, ya en territotio tuneño. En medio de la alta vegetación es posible encontrar sitios arqueológicos que han sido huaqueados. Es el tramo más bello y que para los amantes de la fotografía , ofrece más de un millón de posibilidades. Al llegar a Pampa caruca el camino se bifurca. hay una ruta directa hacia Mazcuñe, y la otra ruta bordea Pampa Caruca se trata de un camino empedrado y con andenes hechos con piedra canteada. Sería un error irreparable hacer una carrtera en esta zona. ya bastante se hizo con utilizar las piedras de las edificaciones preincas para hacer corrales.
El camino del medio, así se llama a este tramo, empieza en Pampa Caruca y pasa por Mazcuñe, Lantahuache, Tama, Pampamalca, Lequishinga, Barranca, Huanca y llega hasta Tuna. Algunos metros más allá del cementerio continúa una red de caminos con dirección a Wara Wara, Suche, Shicayaco, Chilca, Chaute, Lucumani, Huangre, Sacasanche, , Chinchina o Llancha. Muchas historia y leyendas tuneñas tienen su centro en esta zona. La pacarina de los tuneños es Sacasanche.
El camino alto viene desde Sacasanche y a la altura de Chilca asciende a la parte más alta del territorio tuneño hasta llegar a Carsisana, que es donde sale el agua que abastece a Tuna. Ahí cerca hay numerosos vestigios de la cultura preinca e inca. Sobresale Quinchuaca. Este tramo dle camino es ancho y debe haber sido muy bello en su apogeo. La vista es increible desde esta parte se tiene una panorama de más de 200 grados que permite apreciar las dos cuencas: Lurín y Rímac. Si el cielo está despejado se aprecia Lima y el mar. En época de lluvias en esta zona retumban los truenos y a veces los rayos destrozas las piedras.
Con dirección a Tupicocha este camino es casi plano, hay pocas bajadas o subidas. En algunos tramos hay piedras que sirven de escalinatas o miradores. Las llangabatas bordean el camino hasta llegar a cansacoto, donde la pampa se hace más amplia y muestra los restos de andenes y pircas en lo que habrá sido una gran zona productiva. Hacia abajo se ve Pampa Caruca, Pomacocha, Tama, Curiña, Tama, Chutana, Ocorure, Tanta geografía allá abajo. . Caminando se encuentra el inicio de un enorme laberinto de gigantescas piedras que algunas vez bajaron hacia las quebradas de Calajuayque y Pomacocha, se trata de la aglomeración caótica de piedras más impresionante que hay en toda la zona. Los geólogos podrán explicar mejor los orígenes de estas formaciones pétreas. Alguna vez he pensado que la cima del enorme cerro que hay en Tampocaya es en realidad el cono de un volcán apagado.
El camino llega hasta Tampocaya y desde ahi avanza hacia Tupicocha y San Damián. Es, a mi entender, el gran camino de los Checa. Una evidencia del Qapac ñan en esta parte de Huarochirí.
viernes, 22 de octubre de 2010
Agua que corre muy lejos
La defensora del Pueblo Beatriz Merino, sostuvo que si bien hay avances significativos en la cobertura de agua y saneamiento en el Perú, el mayor reto que tiene el gobierno es mejorar el acceso a este servicio en las zonas rurales del país.
“La cobertura de agua potable y alcantarillado en todo el país es de un 70 por ciento, pero hay una enorme diferencia entre las zonas urbanas y rurales. En las primeras la cobertura es de 90% pero en las segundas, un 70% aún no accede al servicio y esto es una tarea pendiente para el estado”
Uno de los problemas de santiago de tuna es la escasez de agua. lejos de los glaciares o de los ríos que bordean su territorio, solo se alimenta con las aguas que se acumulan en las amunas durante la temporada de lluvias.
La inclinación de los cerros, la permeabilidad de los suelos y el riego por torrente hacen que el agua se acabe muy pronto. El reto es aprender a aprovechar mejor la poca agua que hay.
Uno de los problemas de santiago de tuna es la escasez de agua. lejos de los glaciares o de los ríos que bordean su territorio, solo se alimenta con las aguas que se acumulan en las amunas durante la temporada de lluvias.
La inclinación de los cerros, la permeabilidad de los suelos y el riego por torrente hacen que el agua se acabe muy pronto. El reto es aprender a aprovechar mejor la poca agua que hay.
Hojalata
Desde que tengo uso de razón he visto que se acarrea el agua, ya sea desde el puquio o desde el pilón, en porongos de hojalata. Hay porongos para todas las edades. Tan pequeñitos que apenas si contienen casi un litro de agua, que con cada caída pierde buenos militros.
Por lo general son más fáciles de transportar los porongos de cinco litros. Si por algún descuido no se lleva la tapa para evitar que se derrame el preciado contenido, se utiliza una bolsa de plástico que se sujeta con una cuerda.
Lo que hay que evitar es hacerle hoyos al porongo porque el chorro deja una larguísima huella del paso distraído.
Los adultos usan porongos superlativos. Sujetan con sogas o cabuyos sobre su españda y caminan como si nada llevando diez o quince litros sin hacer pausas.
Cuando hay fiesta o faena se utilizan los burros como cargueros de agua.
Caminito
Desde muy temprano, iluminando el paso con la débil luz de una lámpara se va a regar las huertas. El frío es relegado por el afán de dar agua a las plantas de melocotón, a los manzanos o a la papa sembrada con tanta ilusión.
La vida transcurre así, con un horario diferente al de la ciudad de Lima, que detrás de los cerros yermos avisa con luces amarillas, como un inacabado atardecer que sus habitantes duermen en la fría madrugada. Un huayno matizado las noticias alegran la faena del campesino, que con gran habilidad esquiva espinas en la oscuridad. el ruido del agua corriendo brumoso por las acequias revelan la responsabilidad de quien ama su labor.
Con forme las horas transcurren el cielo va iluminando las nubes con los primeros rayos del sol. Es la hora en que el frío es más intenso, pero que se hace ya falta poco para terminar de llevar el agua. hay que aprovechar para aumentar el caudal, antes que le toque el turno al siguiente regante.
Ya con el día en pleno esplendor se empieza el regreso a casa a desayunar y conversar con la familia, a organizar las demás tareas. Tras caminar por las acequias, que a la vez sirven de vía de tránsito, se llega al camino en dirección a Tuna.
Allá arriba se elevan por encima de las brillantes calaminas decenas de columnas de humo. Deben estar tostando cancha; calentando charquie en las brasas; preparando avena o leche de las perezosas vacas. Mientras se imagina el ansiado desayuno, el caminito bordeado de flor de mayo nos deja avanzar bañando los tobillos con el rocío.
La vida ofrece maravillosas formas de ver la felicidad, ahí a cada paso que uno da.
El signo del agua
Santiago de Tuna se encuentra ubicado en una altitud ideal por lo que se produce una gran variedad de productos agropecuarios; sin embargo el agua es un bien escaso que condiciona la buena cosecha y la ganadería. Lo paradójico es que Tuna, se ubica en el paso entre las cuencas del río Lurín y Rímac, pero lejos de las reservas de agua, por ello se depende del agua que llega en temporada de lluvias.
Un año sin lluvias afecta a todos, a los pobladores, al ganado y entristece el panorama, con lo cual se inicia el cíclico camino hacia las zonas más bajas de las cuencas de los ríos Lurín o Rímac. Desde hace siglos se repite esta alternancia entre buen año y la temida sequía.
En el ir y venir hacia la yunga y la costa, Santiago de Tuna se fue poblando de apellidos que en la actualidad dejan ver cuan lejos llegaron los antiguos tuneños, en busca de mejores condiciones para sobrevivir a las épocas de estiaje prolongado.
Las lomas de Pachacámac, la empinada Quebrada de Sisicaya, Atocongo cubierto de neblinas en junio... fueron lugares a los que se mudaban llevando el ganado vacuno. Cuando llegaba el tiempo de volver traían costumbres e incluso los bulbos de las fraganciosas amancaes, con las que aprendieron a perfumar la fiesta de navidad y a danzar los negritos. Complementaron la celebración con pisco y vino.
No siempre se emigró hacia la costa, hay evidencias de migración a la sierra central y a la selva. Quienes decidieron regresar trajeron consigo a sus familias y sus nuevos apellidos.
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